28 agosto 2015

DÉJADME ...



... envolver en un grito de cristal.

02 agosto 2015

ON TIME

Elogiado hasta la saciedad, encumbrado al olimpo divino del deporte, reconocido allende los mares, Rafael Nadal guerrea con suerte dispar en batallas menores mientras su carrera deportiva agoniza lejos del inmaculado brillo que su pasado pareció presagiarnos. El tenista no parece acusar el singular sufrimiento de la derrota ante rivales discretos y parece, incluso, cuestionarse asimismo su hegemonía en las pistas. Indudablemente lejos de poderse enfrentar con mínimas garantías de éxito ante los más grandes, al balear tal vez le esté sobrando un voto de más por sí mismo. A nadie tuvo que convencer y a nadie debe ahora hacerlo. Mas verlo deambular impotente entre líneas y gestos impotentes tratando de preguntarse el porqué de algunos errores, nos trae inquietamente al recuerdo el comportamiento de sus rivales cuando el pupilo de Toni Nadal torpedeaba y barría los más lujosos escensarios del circuito internacional con fuste y un tenis adictivo.

15 junio 2012

UNA VERSIÓN DEL PLACER

Fiel y responsable, Rafael Nadal regresó a París con un revolver recién cargado. No puedo creerme que una ciudad como París pueda resistirse a admirarle porque los triunfos del balear en Roland Garros le conceden más luz si cabe a uno de las urbes más bellas del mundo. Nadal acostumbró a dormir su cuerpo en París cada mes de junio y nos acostumbró a preferir sus gestas por encima de otros títulos nundiales. Compite a modo de aviso; si pierdo, muero; es el mensaje que parece trasmitir a la pelota mientras los espectadores nos lo creemos sin podernos separar de una pantalla de televisión. Su emoción es una epidemía contagiosa que todos quisiéramos al menos protagonizar una vez en nuestra vida. Su competitivad es un ferrari en tiempos de préstamos, de recortes y de líneas falsas. Sabe llorar, levantar los brazos y definir los valores de la vida a través de una pelota enloquecida. Que Rafael Nadal haya alcanzado su  septimo Roland Garros es una forma de estallar que muchos humanos compartimos no tanto por su triunfo sino por la forma de representar una versión del placer igualmente contagiosa a pesar de que su presidente del Gobierno prefiera asistir a un partido de fútbol antes que a una gesta como la de este tenista que, por un instante, alivió más de una inquietud.


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CELEBRACIÓN DE RAFAEL NADAL 
TRAS CONQUISTAR ROLAND GARROS 2012

30 enero 2012

H É R O E S



No pudo ser. O sí que pudo ser. Novak Djokovic y Rafael Nadal han protagonizado sobre la pista del ROD LAVER ARENA de Melbourne una final sin protección externa, sin cinturones de seguridad, sin válvulas de escape, sin demagogías. La victoria del primero (5-7, 6-4, 6-2, 6-7, 7-5) detalla una gesta y un combate sin aparentes reglas de juego. El descuido de uno siempre antecedía la magia del rival. Nadal venció al miedo y perdió una nueva final. Djokovic ganó otro Grand Slam y perdió la confianza de ganar siempre a un número uno.

Nadal ha sabido cómo emplear su tiempo para aminorar la distancia psicológica en donde le había situado una temporada maravillosa de Djokovic. Los expertos del tenis cacareaban sobre lo que podía ocurrirle al mallorquín después de seis finales perdidas de forma consecutiva frente al serbio, apostaron por un final de etapa, vaticinaron un paralelismo entre Nadal y Federer, mencionaron el influjo de la psicología. Error sobre error. En el mejor de los casos, los espectadores sabemos diagnosticar, pero apenas recetar. Diagnosticábamos de forma tautológica que algo ocurría a Nadal al enfrentarse a Djokovic. Pero nadie intuía que aumentar el peso de su raqueta fuera un arma tan decisiva para el balear. En efecto, Rafael Nadal ha vencido el miedo porque su servicio es ahora más profundo, más constante y sobre todo, lo sabemos porque él ha manifestado que tiene que hacer menos esfuerzo para conseguir más objetivos con la pelota.

Nadal, sabedor de su intensidad e inteligencia, aplacó la siempre explosiva puesta en escena de su rival. Ganar el primer set fue una receta momentánea. Los dos sets siguientes conmovieron a la masa, al público australiano y al box de Novak Djokovic, que presumía de una remontada justa y encendida. Sin embargo, enfrente estaba el deportista con la personalidad más pronunciada para ser un héroe de la vida. El empate a dos sets fue aceite para el cuerpo de dos tenistas con abundante combustible. A Nadal tal vez le faltó porcentaje de primeros servicios en los sets centrales para conformar una victoria redonda. Quién sabe si al propio Djokovic le sobró talento para levantar tantas veces las manos en señal de convicción personal.

El quinto set fue un drama de ansiedades, un preludio fantástico de lo que el deporte puede donar a una sociedad embotada de nuevas tecnologías, de amistades virtuales, de lógicas invisibles, de estamentos corruptos, de verdades diseñadas, de mentiras legalizadas. Rafael Nadal, quién lo hubiera dicho, perdió la final por agotamiento físico. Doce juegos completaron el quinto set; en los seis primeros, 4-2 a favor del mallorquín; en los seis restantes, 5-1 a favor del serbio. Nunca antes había visto quien escribe tan exhausto a un tenista que exhibió siempre su poderío físico. 




Nadal abandona seguramente Australia con las lágrimas de haber perdido una final que recordará, si cabe más, que ninguna otra. Pero debe primarle el convencimiento de habernos parecido maravilloso a millones de personas y sobre todo, de haber alcanzado una fórmula favorable. Djokovic abandona Australia agotando el límite de sus expectativas más favorables. Pero debe primarle el convencimiento de que, pronto, deberá rendir de nuevo pleitesía a su rival. Un partido protagonizado por gladiadores del siglo XXI. Esta podría ser una de las miles de melodías que identificaran la final del ABIERTO DE AUSTRALIA 2012.


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LISA GERRARD - We Are Free


29 enero 2012

H É R O E

Querido, admirado, esperado, 
Rafael Nadal:



El partido final del Abierto de Australia 2012 confirma lo que será tu raqueta para la historia del tenis. Tu rival debe seguir siéndolo después de firmar una nueva final de Grand Slam. Nada habrá concluido y quizá tú hayas aprendido otra lección que te ayude a ser aún más querido, más admirado y más esperado. Eres Rafael Nadal, un deportista que, cuando deje de serlo, seguirás siendo la luz de los focos y la memoria de millones de personas que siempre quisieron haber protagonizado al menos una vez en su vida lo que vemos en televisión, en directo o pirateado en internet cuando quien juega, quien compite eres tú.

Eres un héroe y juegas como cantaba David Bowie.

Suerte

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DAVID BOWIE - Heroes


26 enero 2012

¿POR QUÉ NADAL?

Rafael Nadal jugará de nuevo, en las semifinales de Australia, contra Roger Federer pero a diferencia de las últimas ocasiones, el claro favorito no es él sino el helvético. No solo por la superficie en sí. Sin embargo, Nadal vive y se retroalimenta de estos enfrentamientos, de estos envites que le son retos en los que siempre se le atribuye protagonismo, organización y personalidad. ¿Por qué esta semifinal es una buena oportunidad para el mallorquín?

Porque llega en puertas de un nuevo e hipotético duelo contra su demonio exterminador, entiéndase Novak Djokovic. Porque solo cabe enfrentarse al serbio si antes derrota a su hada madrina, esto es Roger Federer. Porque los cuatro primeros del ránking ATP disputarán el cetro de Australia, hecho que no ocurría desde 1983. Porque Rafael Nadal ya ha perdido todo lo que puede perder en los últimos doce meses. Porque ganar sería maravilloso para él y aún más ante aquel demonio, mientras que perder supondría una sesión continuada ante idénticos rivales. Porque una supuesta victoria ante Federer le traería la dulce sensación de pulsar su corazón otra vez ante el actual número uno del mundo, menos explosivo este último que cuando lo alcanzó pero más experimentado que entonces. Dato este último que puede ser definitivo para revalidar el Abierto de Australia.

05 diciembre 2011

ESPAÑA, QUINTA COPA DAVIS


VERDASCO - F. LÓPEZ - FERRER
NADAL - GRANOLLERS - COSTA





España gana su quinta Copa Davis y Rafael Nadal vuelve a sonreír, a vibrar, a gestionar una leyenda, a descubrir los sueños, a desprenderse de todos los paréntesis que le encerraban, a escribir los puntos sobre las íes. Sevilla tiene un color especial cuando sus colores son rojo y amarillo. La ciudad de la Giralda acogió en una nueva final a cientos de desconocidos venidos a recordar la gloria que supondrá haber sido testigos.

David Ferrer, un maestro indeseable para el poder, conjuró nuevamente su orgullo para convertirse en un ídolo más y un ídolo menor por coincidir con Rafael Nadal. Feliciano López y Fernando Verdasco fueron felices por ganar tal trofeo e infelices por jugarlo hoy; los riesgos del destino. Rafael Nadal, actualmente número dos de mundo, brindó con un país con el que mantiene una relación estrecha y recíproca. A diferencia de los púgiles, cuando el balear termina por los suelos es el sinónimo de que el espectador debe practicar pura contención o libre expresión. Rafa levantó sus brazos y no pareció pensar en nada más que levantarlos muy alto para engañar a una temporada tan magnífica como maldita en su recuerdo, a pesar de esta Davis. La grada, de patriotero sentimiento, olvida que los errores no son aplausos y estos nunca son aquellos. Así que no logro entender la estridencia de los gestos de los miembros del equipo español intentando espolear a un público ya de por sí entregado más al marcador que a la pelota. Dijo Nadal, que no había visto nunca un público como éste; yo, tampoco. A mí, no me gustó. Sólo me motivo que ganara él, que lo hiciera Ferrer y que la esperanza de verle de nuevo sonreír en un Grand Slam lo sea ante el actual mazinger de la ATP. El argentino Del Potro, sin embargo, mantuvo en todo momento en los filos de la amenaza la realidad de habernos podido asestar una puñalada con forma de empate a dos sets. Fue un campeón aún inédito que hoy lo fue sin ganar y llorando finalmente. Estos argentinos fueron gentiles y educados, más que en su país y entonces, en una línea muy semejante a la mostrada hoy por el público español. Así que ¿por qué no se juega cada final en un país previamente designado y sobre una misma superficie? Sería más justo y todos podrian prepararse para una cita concreta. Aunque en este punto, sería lo que dijera nuestro número uno.


17 octubre 2011

QUERIDO AMIGO ...

... Estamos a tu lado los mismos rostros que sentábamos a nuestros amigos para ver la mejor expresión de cómo debe batirse un deportista. Estamos a tu lado los mismos asientos que ocupaban los aplausos que admitías en silencio y en intimidad. Estamos a tu lado las mismas opiniones que te leían mientras el recuerdo no dejaba olvidarte. Estamos a tu lado las mismas formas y los mismos gestos que te acompañaban en cada una de tus metas y decepciones. Estamos todos y el silencio, aun áspero y amargo, es ahora silencio cómplice. Porque no estamos cansados ni estamos alejados ni estamos en un margen adonde tu mirada no llegue. Tampoco estamos a punto de abandonar ni en el deseo de verte de nuevo en este o aquel lugar. Estamos todos sentados, uno tras otro, sobre el deseo colectivo de verte feliz y en el espacio donde tú solo sepas. Ojalá cuente cada palabra para cada uno de tus momentos difíciles. Todas fueron escritas muy juntas sobre una pared en señal de cercanía, calor y aplauso.

ÁNIMO, RAFAEL


12 septiembre 2011

¿PODRÁ NADAL ESTA VEZ?


Rafael Nadal podrá decir que estuvo en Nueva York en el décimo aniversario del 11 S. De cumplirse sus deseos, homenajeará a las víctimas si consigue alzarse con su segundo US OPEN y su GRAND SLAM número 11, precisamente once.

Lunes, 12 SEPTIEMBRE 2011, 22 HORAS (hora local española) son el día y la hora en que se escribirá en la Final del US OPEN una página, otra, de la carrera deportiva de dos tenistas que evolucionaron hacia un mismo punto en donde únicamente parece tener cabida la victoria. Novak Djokovic, actual número uno del mundo, medirá su temporada más veces soñada frente a Rafael Nadal, número dos, en medio de un año tan sobresaliente para él como descarado, agobiante, impensable, cruel y difícil. No en vano, de no haberse topado con el serbio en cinco finales durante esta temporada, seguramente podrían aún escribirse titulares destellantes en torno a los títulos obtenidos.



Lo cierto es que Djokovic ha derrotado a Nadal en las últimas cinco finales que disputaron y para el mallorquín el encuentro de Nueva York debe de suponer una nueva oportunidad para merodear en su desesperación o para doblar la esquina prohibida que le supone, desde hace un año, mirar al fondo de la pista y contemplar a Djokovic serio en vez de desdibujado como antes, concentrado en vez de gesticulante, preciso en vez de eventualmente genial, desafiante en vez de derrotado, rotundo en vez de inestable, competitivo en vez de competidor y en definitiva, más sólido que fluido en cualquier aspecto. Rafael Nadal no está ante ningún reto sino ante una nueva final de Grand Slam. Quizá muchos expertos duden sobre las preferencias del insular ante este partido: ¿qué desea más, ganar a Novak Djokovic o ganar  su segundo US Open?





04 julio 2011

INERCIA ARROLLADORA

El número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic, ha conseguido su primer título individual sobre la hierba de Wimbledon al imponerse a su antecesor en la ATP WORLD TOUR, el español Rafael Nadal, en cuatro sets por un marcador 6-4, 6-1, 1-6 y 6-3.

Con un juego brillante, más abrillantado si cabe precisamente frente a Nadal, Djokovic ha ganado un torneo bajo la inercia arrolladora de un nivel competitivo excepcional que exhibe desde el inicio de esta temporada. No le pesó la responsabilidad de ser su primera final en Wimbledon, ni el escenario, ni ser su primera defensa como número uno, ni enfrentarse contra el mejor ejemplo para él. La mencionada inercia del balcánico fue suficiente para vencer cualquier posible contratiempo externo. Contó, sin embargo, con la activa participación del exclusivo público londinense que supo disfrutar mientras él ganaba y aplaudir, si cabe más, al vencido que al vencedor. Puede que este jugador esté en el inicio de una nueva era en la que se introduzca, e incluso aparte, educadamente de la aristocracia tenística a los ya miticos Roger Federer y Rafael Nadal.

Todo el mundo del deporte se congratula de que el, hasta hace menos de un año, irregular Novak Djokovic haya podido atemperar su intratable carácter para la más alta competición a la que, actualmente, rinde pleitesía con las mejores cartas posibles que podría exhibir un experto. En el ruedo del All Englan Tennis Club de Londres nadie desentonó el primer domingo de julio, ni el ganador ni el perdedor, ni el público ni el magnífico árbitro Carlos Bernárdez en su primera final en Wimbledon. Ni siquiera un lenguaje gestual pseudoamenazante del palco privado de Novak Djokovic y que, de forma continua, éste activaba y alimentaba con su mirada de idéntico lenguaje. Sólo el serbio sabe cómo cambió su vida deportiva de un tiempo a esta parte. El único dato objetivable es que un psicólogo le ofreció sus servicios, que aquel aceptó y que desde entonces, sólo ha perdido un partido y ha ganado en cinco de cinco ocasiones al hasta hoy mismo, número uno del tenis mundial, el magnífico Rafael Nadal. Quizá tenga éste que tomar nota de este extremo cuando piense en un rival, hoy por hoy y para él, maldito. 

Intuyo que Rafael Nadal puede estar especialmente afectado tras haber perdido su quinta final en Wimbledon y su quinta final contra Djokovic este año. Haber sido de nuevo derrotado por un mismo rival es una situación nueva para él así como para un tenista de su categoría. Nadal había planteado un partido extraordinario para él porque en juego no sólo estaba para él su undécimo Grand Slam sino superar a Djokovic, un rival que amenaza su cetro y su tan organizada mente. Baso estas opiniones en que no ha sido posible derrotarle ni aun jugando mejor que ninguna otra final de esta temporada contra el balcánico.

Nadal comenzó el partido sin parpadear y en un solo parpadeo, perdió la primera manga (6-4). En otras ocasiones, la pérdida de un set hubiera sido un simple accidente (como a la postre lo fue en semifinales frente a Murray), pero en esta se tradujo en una mirada fija que cuando quiso levantarse de ella tenía otro set en contra (6-1). Rafa, entonces, desenfundó la única estrategia que creía capaz para remontar un marcador tan desfavorable. Y era acertada. A pesar de completar una excelente tercera manga y ganarla (6-1), el balear era consciente de que nunca había puesto en juego una táctica similar para conseguir sus objetivos. Su habitual juego, agresivamente controlado, pasó a ser por exigencias de la propia evolución de la final, en agresivamente continuado y el filo de esta navaja terminó por cobrarse las deudas en el jugador que más riesgos había tomado de forma desesperada.

Su firma es legible, no obstante, y admirable siempre como así quedó reconocida en la ovación que el público inglés le tributó en la entrega de trofeos. Tal vez, Rafa Nadal no sólo debería descansar y recuperarse física y mentalmente (que también) como él mismo ha reconocido, sino también tener en cuenta la ayuda que un psicólogo ha debido de proporcionar a Djokovic para convertirse en un rival que, en la actualidad, puede que le esté comenzando a atormentar.  

01 julio 2011

UNA MENTE ORGANIZADA

Jugará su quinta final en el All England Lawn Tennis Club and Croquet Club de Londres después de derrotar al escocés Andy Murray (ATP 4) por 5-7, 6-2, 6-2 y 6-4. Tras un primer set disputado con la igualdad que merece una semifinal de Grand Slam, Rafa Nadal desactivó todas las posibles soluciones que su rival había tramado para derrotar al reciente ex número uno de mundo. En efecto, poco antes del inicio del encuentro, el serbio Novak Djokovic, al derrotar al francés Jo-Wilfred Tsonga (7-6, 6-2, 6-7 y 6-3), había alcanzado matemáticamente el liderato de la lista ATP. Por tanto en la final del próximo domingo, se enfrentarán nuevamente los dos mejores tenistas de la temporada actual y actuales número uno y dos del mundo.

Antes, en semifinales, Nadal había presentado sólidos argumentos para autoconvencerse de que vencer a su amigo Djokovic en la actualidad no es un utopia sino una posibilidad factible. Salvo algunos problemas en su revés, el mallorquín realizó un partido más que brillante y aún más si cabe con el mérito añadido de haber perdido la primera manga. El británico volvió a encontrarse con Nadal en una semifinal londinense como ocurriera en 2010 y otra vez perdió su oportunidad de disputar una final en Wimbledon. La esperanza de conseguirlo comenzó a derretirse cuando, paradójicamente, tuvo el marcador a su favor. A partir del segundo set, Nadal expuso, como tantas veces, ante su rival una mente organizada capaz de mantener un idilio con sus espectadores y el pulso durante cada segundo de un encuentro decisivo. Esta defensa de su tenis caló en su rival hasta bien entrada la semifinal. Murray apenas despertó ya hasta el último set cuando puso en serios apuros a su rival después de haber perdido su servicio en el juego inicial. Con 2-1 a favor de Nadal y su servicio, Andy Murray desperdició dos bolas para igualar el set.

La final Nadal - Djokovic (la quinta esta temporada) puede que sea para muchos aficionados y magnates del tenis el lujo más rentable y el mayor reclamo que hoy en día puede ofrecer un abierto. (No sólo porque en las cuatro anteriores ganó el balcánico). De lo que no hay duda alguna es que Wimbledon querría ser el escenario y sería el escenario elegido tanto por unos como por otros. Incluido Rafael Nadal.

06 junio 2011

GRACIAS A LA VIDA



Por lo general, cuando un tenista profesional salta a una cancha de tenis es consciente de sus posibilidades de ganar y en el caso de duda, reconoce también que aquellas se reducen. El suizo Roger Federer sabía que un día como hoy podría ser más fácil que cualquier otro imponerse al español Rafael Nadal sobre la arcilla de Roland Garros. Haber vencido al actual número uno de la lista ATP habría supuesto para el helvético una rúbrica dorada para su palmarés personal ya que nadie en el circuito ATP duda quién es el mejor jugador sobre tierra batida del mundo. De Federer podrán escribirse adjetivos pero nunca uno que sea capaz de calificar su sensación de jugar contra Nadal, de perder y de ganar frente a él. En la final del torneo parisino, Nadal se impuso a Federer en cuatro sets por 7-5, 7-6, 5-7 y 6-1.

En el curriculo del finalista penderá, más que una derrota, la ilusión de un primer set en el que tuvo anulado de forma absoluta a su rival. Incomprensiblemente para Federer, el mallorquín remontó un marcador con un juego que, a diferencia de lo expuesto por los comentaristas de TVE, hubiera sido casi insoportable para cualquier jugador. Nadal, siempre con sus dientes apretados, resurgió del hueco en el que Federer le había postrado al inicio del encuentro para configurar de nuevo un manual de comportamiento, un recital de competitividad desde un lado oscuro de su nivel de juego, un vídeo real de una victoria que le encumbra aún más si cabe a la leyenda de su deporte

Las apuestas no eran favorables al tenista balear. Sus cuatro derrotas frente al próximo número uno (Djokovic), sus titubeos iniciales en París, sus declaraciones, su preocupación reconocible... convertían a Roland Garros 2011 en una meta absoluta más que en un nuevo Grand Slam para Rafael Nadal. Levantó los brazos al final de la cuarta manga pero ganó el encuentro en un primer set que desató la agonía de su rival. Dicho lo cual y a pesar de todo ello, Federer selló con su elegante magia una nueva final en la que fue capaz de contener sus emociones más veces que en él es costumbre. Los amantes del tenis puede que hayamos percibido esta tarde un partido en donde, tal vez, perdió quien practicó mejor juego.

Nadal hipnotiza a sus rivales y a Federer le llega a enloquecer. La compasión no habita entre ellos aunque exteriormente pueda parecerlo. Rafael Nadal debe sentirse orgulloso, exhultante y rabioso por haber sido capaz de subir por entero, paso a paso, la escalera que le conducía a un espacio en donde sólo cabe dar "gracias a la vida" por sentirse "muy afortunado". El deporte, más que un sentimiento, es una trasmisión de sensaciones. El poder de la competición y la belleza con que le dotan sus deportistas son márgenes en donde Rafael Nadal ha elaborado su nuevo triunfo, otro Grand Slam, otro enfrentamiento contra Federer, pero sobre todo otra forma de conquistar lo conquistable, otra fórmula de concretar los sueños y sacar tan educadamente la lengua como su compañera Victoria Azarenka a todos aquellos que vaticinaban en la ascensión del serbio Novak Djokovic, el principio de su fin.



ENHORABUENA, RAFA

Celebramos con idéntico entusiasmo cada primer domingo de junio y cada 3 de junio. Ojalá Roland Garros 2011 sea capaz de hacerte comprender y despejar, si cabe, las dudas silenciosas que venían habitándote desde Indian Wells. La realidad de verte en acción es superior al sueño de una tarde de verano. Y de primavera, también.

18 mayo 2011

LO HUMANO DE NADAL

Novak Djokovic [2 ATP] derrotó a Rafael Nadal [1 ATP] en la final del Master 1000 de Roma por un doble 6-4. Cuatro de cuatro finales. Número uno contra número dos. Dos sobre pista rápida y dos sobre arcilla. Gestos definitivos y gestos definitorios. Un grito de victoria y un silencio diferente a una simple derrota. Rafael Nadal, actual número uno del mundo, dejará en breve de ocupar su cetro para cedérselo a Novak Djokovic, insigne cazador de torneos en una temporada que, seguramente, ocupe las páginas de su vida y las del deporte de su país. Se habían encontrado en Indian Wells, luego en Miami, hace una semana en Madrid y recientemente en Roma. El número uno puede que haya perdido alguna de estas cuatro finales pero de lo que no existe duda es de que el aspirante Djokovic ha vencido en las cuatro. ¿Qué ha podido ocurrir? Nada grave, se me antoja.

La explosiva evolución de Novak Djokovic, un año más joven que Nadal y cinco menos que Federer, es la respuesta a temporadas contemplando partidos estelares entre sus dos rivales. Algunos sectores del público no le encontraban lugar entre ambos. Sin embargo ni el español ni el suizo dudaron de él. Novak ha llegado y la merienda es ganarlo todo, Nadal incluido. Para ello ha configurado un entramado mental invisible que le convierte en un muro eficiente para cada rival que, pronto, comprueba quién tiene las mejores cartas para ganar. Su preparación física es fantástica y sólo queda del antiguo Djokovic sus escenificaciones en momentos equis de sus encuentros alternando sonrisas y artimañas para querer decir que no sabía cómo ganar siendo una mole.

Tácticamente ha optado por permanecer, aun en los peores momentos de un match, lo más cercano al fondo de la pista, ha robustecido su revés (más efectivo incluso que el de Federer en sus tiempos de oro) y ha hecho temblar a sus rivales cuando le permiten amablemente conectar dos drives sobre el fondo de su rival. Domina el paralelo, golpe reservado a los campeones. En el aspecto psicológico, matrícula de honor. Ocupa la pista todos los segundos del partido, no se despista ni cuando simula cansancio o trata de excitar a su grada, ni ofrece ni brinda a sus contrincantes el sabor de sus despechos. Y es que el serbio parece estar consiguiendo esta racha dorada a consecuencia de aquel despecho que le había producido la sombra continua de Nadal y Federer en la programación continua de su deporte.

Rafael Nadal ha labrado su trayectoria desde el convencimiento de la humildad y con el convencimiento de que su juego al máximo nivel constituía un crédito con el que sentirse feliz un chico como él. Rafa, tantas veces apegado a los rincones de su tierra mallorquina, asentado sobre una familia en donde prima el verbo ganar y el saber ganar a tiempo completo y en la misma medida, se enfrenta en estos días a la difícil situación, que no lo es tal, de medir la supuesta distancia que le separa de un rival. Después del Master romano (por si había duda después de Madrid) Djokovic se ha convertido para el mallorquín lo que para Federer supone Nadal. Esta sensación de inferioridad irresistible e incomparable en el deporte es la que al jugador teóricamente superior le convierte en más superior si cabe en los instantes decisivos. Ya le ocurrió a Andy Murray durante la semifinal de Roma, en donde mereció y no supo finalmente ganar. Lo hizo Djokovic por la inercia de sentirse ya número uno. La próxima vez que se enfrenten, Djokovic es probable que le derrote con más facilidad. En realidad, Rafa Nadal ya sabe lo que ocurre.

El mallorquín piensa en su dolor, aquel que le acompaña en la soledad de una habitación, en una desesperanza. Duda entre la inmediatez o la lejanía para de nuevo plantarse frente al serbio soberbio. Opino que cuanto más tarde sea mejor; no como signo de huída, sino de preparación ya que Rafa necesita ganar con claridad para sentirse nuevo. Es una situación semejante a perder quince manos seguidas de póquer; sólo querría continuar jugando quien estuviera ganando, en este caso, Djokovic. La consecuencia del juego de Rafael Nadal en el Foro Itálico es habernos encontrado con un tenista más temeroso que nunca ante la posibilidad de perder nuevamente. No vaticino ningún giro en la carrera deportiva de ninguno de los dos pues el contratiempo mayor siempre viene dado por lo que un deportista es capaz de sentir a solas.




Estimado Rafa

La mejor versión de tu juego es superior a la que actualmente exhibe el serbio. Es por ello, por tanto, que debes superar este delicado momento, tal vez el más complicado de tu carrera deportivo a excepción de la lesión de 2009, cuando te des cuenta de que un campeón está obligado también a enfrentarse a estas situaciones. Cuando lo consigas desde la normalidad será cuando importe en menor medida una posible derrota. El orgullo de ganar es la consecuencia de jugar satisfecho (algo que ahora contra Djokovic falla). Compruebas que tu tranquilidad no es infalible y que no está, a buen seguro, en la defensa que el balcánico tenga que realizar la temporada próxima de todos los puntos que está obteniendo en ésta. Eres el mismo que eras antes: el mejor, el más deportivo, un ejemplo y el mejor ejemplo.

ANIMO, ÁNIMO, ÁNIMO, AMIGO.


15 mayo 2011

DJOKOVIC, UN SERBIO SOBERBIO

SEMIFINALES MASTER 1000 - ROMA 2011

HOMBRES

[1] R. Nadal VS [16] R. Gasquet (7-5) (6-1)
[2] N. Djokovic VS [4] A. Murray (6-1) (3-6) (7-6)

MUJERES

[7] M. Sharapova VS [1] C. Wozniacki (7-5) (6-3)
[6] S. Stosur VS [4] N. Li (7-6) (6-0)





Novak Djokovic (2 ATP) se desliza por un tobogán que le abre paso entre sus rivales. Después de ganar (6-1, 3-6 y 7-6 [2]) a Andy Murray (4 ATP) en la segunda semifinal del Master 1000 de Roma, el serbio presiente que liderar la clasificación de la ATP es ya un hecho. Dejándose llevar por un estado de juego increíble si se compara con el de anteriores temporadas, Djokovic ya se atreve a vencer a cualquier rival, ante cualquier marcador en contra y en contra de circunstancias, a primera vista, adversas. Antes, cuando vencía, siempre convencía, pero la diferencia está en que actualmente solamente gana porque ha estrangulado todos los desvelos que le proporcionaban en gran medida la presencia en el fondo de la pista de Nadal y Federer.

Antes sufría el complejo de sentirse inferior y ahora goza de una sensación tan distinguida como es saberse superior. Algo semejante le ha podido ocurrir al escocés Murray esta noche en el Foro Itálico. Su partido, excepcional, es un discurso a la belleza competitiva, al gusto por lo exquisito y al nombre del tenis. Djokovic ha planteado un encuentro desde el pedestal en que se aloja y su rival ha querido derrotar al dueño del pedestal más importante del mundo a día de hoy. Quizá no estuviera más cansado uno que otro, tal vez sí; quizá un partido largo (3 horas y 2 minutos) favorecía más al británico, tal vez no; lo cierto es que Rafael Nadal (1 ATP), otra vez rival de Djokovic en una final, estaría más asombrado que tranquilo ante los hilos que deberá manejar para alzarse mañana con su sexto título en la capital italiana.

Djokovic
merece la mayoría de los adjetivos que la prensa ha venido diseñando a lo largo de las últimas temporadas tanto al suizo Federer como al español Nadal. Ya posee el empaque necesario para vencer a sus rivales con la autonomía de su calidad y con independencia de sus errores. Ya ha logrado ascender los peldaños que le preocupaban en los últimos momentos de sus partidos más trascendentales. Ya no sonríe como antes cuando una pelota de tenis se burlaba de él. Ahora calla y cuando levanta los brazos, sabe que ha ganado y por eso grita como gesto liberatorio de su mente ante el estrecho cerco en donde se disputan partidos de élite. Cuando pierda, sabrá cómo recuperarse en los extremos y recordará siempre cómo alcanzó la cima que hoy ya ostenta y que pronto le otorgará el número 1 del mundo. Aunque, hoy, sea Rafael Nadal quien comande la lista de la ATP.

Rafael Nadal tiene ante sí en la final del Master 1000 de Roma a un rival en estado de efervescencia que le ha derrotado ya esta temporada en tres finales (Indian Wells, Miami y Madrid) pero que al mallorquín no le supondrá mayor dificultad adicional. Al contrario, a Nadal, símbolo del deporte, le estimulará este enfrentamiento a bote pronto contra su próximo sucesor y discutirá a lo largo de todo el encuentro si su reinado será mayor o menor que el suyo. A buen seguro, Nadal no atenderá a criterios de revancha ni firmará otros principios que excedan del puro compromiso profesional. El dolor y la realidad cambiante fue la final de Madrid. Una vez ocurrido este hecho, Rafa lo acepta y desde ese preciso instante comienza su preparación para volver a ser un número uno especial y admirado por todo el mundo. Mañana es el primer asalto de su nuevo objetivo. Frente a él, un serbio soberbio.

Estimado Rafa:

Quienes no dudamos de que ser el mejor no es lo más importante, sabemos que tu capacidad competitiva es una terapia contra el aburrimiento, la desidia y hasta el desempleo. Estoy convencido de que este silencio no es un sinónimo de preocupación, ansiedad o decepción. Tu temporada no puede dejar de ser magnífica porque un rival tenga más ases que tú. En el Foro Itálico ganarás el crédito interior y personal que puedes haber creído perdido, pero no tendrás, sin embargo, que recuperar ningún crédito o favor que siempre te extendemos quienes de cerca, de lejos y de pie sabemos que mereces y aplaudimos. Ánimo, estrella.



19 enero 2011

CARTAS DE RAFAEL NADAL


AUSTRALIA 2009
Australia, conmovida aún por la lluvia de los últimos días, levanta el primer Grand Slam de la temporada mientras se cubre con un atuendo azul para simular tranquilidad nacional y lujo por ser escenario de un torneo, el Abierto de Australia, que muchos tenistas top ten consideran casi inalcanzable. No en vano supone el inicio de la temporada oficial, su situación geográfica sitúa a jugadores en una latitud inusual además de un clima, que por caprichoso, tiende a sorprender más que a confirmar. También la superficie del Rod Laver Arena de Melbourne, especial para ídolos como Roger Federer o Lleyton Hewitt hace años. Pero también para Rafael Nadal, actual número uno del mundo, que logró levantarlo dos ediciones atrás (2009) en presencia de las inadecuadas e impropias lágrimas de su rival, de su rival por excelencia Federer. 

Lo que ocurre es que Nadal envía misivas a la historia del tenis en cada ocasión que le brindan. Australia completaría el póker después de ganar en París, Wimbledon y Estados Unidos sucesivamente. Y son cartas que el tenista mallorquín acostumbra a escribir con buena letra, con esmero y hasta con una miqueta de ternura que convierte a sus rivales en amables enemigos. España suele abanderar sus logros y a saciar con patriotero sentimiento sus derrotas. Sus compañeros callan o licencian a un campeón de veinticuatro años que nunca presumiría de ser una leyenda, aunque ya lo sea de hecho y con pleno derecho. Es por eso por lo que sus palabras, desde que regresara de su lesión, son blancas pues esconden sorpresa y regalo para quienes buscan en su juego un ánimo adicional, para quienes quisieran haber algún día protagonizado una sola de sus gestas. Representa esa clase de deportista que aúna estética y emoción, empatía y poder, humildad y orgullo.

Nadie se atrevería a firmar el resultado final de su actuación en Australia 2011, pero muchos apostarían por él después de cualquier desenlace. Legiones de aficionados anónimos del mundo velan armas en torno a una pelota de tenis en manos, en brazos de Rafa Nadal. En definitiva, fans del tenis y de su estrategia personal de convencimiento social que llaman a mi puerta para decirme muchos días qué pasa con él, cuándo vuelve a levantar sus brazos y cuándo, en definitiva, vuelven a verle disfrutar para disfrutar todos juntos. Un lujo al alcance de todos ellos, de gente como Javier Mora, Eva Villar, Judith Carrera, Javi Franco, Cristina de la Rosa, Ana Monjas, Miguel Cortés, Sheyla García, Ricardo Andrés, Charlie Carballo o Santi Hervás. Seguro que no conocieron a ninguno de ellos, pero probablemente todos compartan algo con usted, con Rafael Nadal y conmigo.


29 noviembre 2010

REY DE INGLATERRA

Roger Federer (2 ATP) ha firmado en Londres su quinto título Maestro después de derrotar al número uno del mundo, Rafael Nadal, en tres sets por 6-3, 3-6 y 6-1. En el abarrotado O2 Arena londinense, los dos primeros espadas del tenis mundial han presentado un encuentro distante de lo que el público esperaba, pero en definitiva, un match que acuerda entre todos sus rivales, quiénes son los verdaderos reyes del tenis.




Federer ha sido mejor y el mejor, durante la final y durante todo el torneo. Justo es reconocer, por tanto, su triunfo y su detallada imagen de campeón necesitado especialmente de este nuevo título. Nadal no ha sido ajeno al papel que su público y el público del tenis esperaba de él, a diferencia de lo que muchos expertos etiquetados y mediáticos han proclamado. Nada han tenido que ver, pues, partidos semifinales y horas de juego anteriores que hubieran podido menoscabar o distorsionar el resultado de hoy. Tanto uno como otro, han ganado y han perdido partidos después de encuentros maratonianos y luego de un descanso. No logro hilvanar más explicación que aquella que me habla de la realidad y de ningún pretexto ajeno al desarrollo propio del encuentro. Y así lo ha reconocido Rafa Nadal, el cual se ha limitado a elogiar a su rival y a callar las palabras que hubieran dado alas y razón a aquellos expertos.

Después de la semifinal disputada contra Andy Murray, el mallorquín fue apostado en estos micrófonos del silencio como "el rey", como un estandarte y un espejo adonde mirar generaciones futuras. Sin embargo, Roger Federer ha conseguido igualar, sobre un recinto majestuoso, un triunfo esperanzador para sus megalómanas aspiraciones. Al orgullo propio que le suscite este nuevo título maestro (el quinto), se añade el hecho de haberlo obtenido en Londres, capital también del mejor abierto del mundo (WIMBLEDON) en donde ya ha obtenido seis títulos individuales. Por tanto, desde hoy, al helvético bien podría considerársele el nuevo Rey de Inglaterra. Felicidades, Majestad.

Querido Rafa Nadal:
Ganar no es ninguna obligación y perder siempre una posibilidad. Tu papel ha sido magnífico y tu satisfacción debe estar por encima de cualquier opinión que puedas escuchar, leer o conocer. Continúas explicando entre líneas de un campo de tenis cómo adoptar la mejor fórmula para resolver cualquier situación. Quédate con lo que quieras y siempre con el sabor de saberte querido y educadamente admirado. Enhorabuena, Rafa.

FOTOGRAFÍA : ESPN Deportes

27 noviembre 2010

SANGRE REAL

NADAL LO CELEBRA
Rafael Nadal (1 ATP) jugará su primera final de la Copa Masters en el O2 de Londres el 28 de noviembre a las 17.30 (hora local) después de derrotar en semifinal al escocés Andy Murray (5 ATP) por 7-6, 3-6 y 7-6 en algo más de tres horas de juego.

Uno más. Un partido más para la historia del tenis que contará con el victorioso protagonismo del tenista español. Murray planteó un enfrentamiento conociendo pormenorizadamente las bases que, en otras ocasiones y parecidas superficies, le habían permitido derrotar al balear. Veintidós aces no fueron suficientes, sin embargo, para conseguir su objetivo y el rumor que existe en los medios de comunicación sobre la debilidad del servicio de Nadal demostró ser un rumor falso. Cierto es que la profundidad y potencia de Andy Murray es superior a la del hoy su rival, pero también es cierto que éste consigue estadísticas incluso superiores a las del inglés. No obstante, Murray daría muestras de deportividad que le reconocen si cabe más cuando, tras finalizar el encuentro, declaró que "si fuera un británico que viene a ver el partido, aplaudiría a Nadal". Pero no todo fue esto.

El partido ha sido una carga de adrenalina y un almacén de ropa limpia sin estrenar, ha sido un alegato contra la inmovilidad y el desánimo además de una puesta en escena imaginaria de cómo disfrutar del tiempo libre. Rafael Nadal consagra sus fines con la tenaz constancia que viene aduciendo desde antes de ser deportista profesional y que, incluso, le convierte en una persona más que en un tenista excepcional. Todo adjetivo, simple, reiterado y en vano muchas ocasiones, no juzga sino enfatiza el carácter de un chico joven que ha conseguido convertir su realidad en una ilusión casi universal. Nadie podría argumentar que sus partidos duelen ni nadie podría rehuir de los valores que, explícito, patenta en cada aparición pública. Un símbolo transformado en vínculo y un vínculo que parece haber nacido de su entorno familiar. Juega por tanto, con la sangre y con sangre, con esbelta cortesía, y con exquisita predisposición al sacrificio. Si algún día, la ciencia abriese sus puertas sería justo clonar deportistas como Rafa Nadal para que pervivan, no tanto sus triunfos, sino sus condiciones entre las generaciones venideras. Algo parecido (aunque diferente) a la sangre real que perdura en toda monarquía. Rafa, el rey.


NOTA INFORMATIVA: En el cierre de esta entrada, Roger Federer (2 ATP) y Novak Djokovic (3 ATP) disputan la semifinal que determinará el rival de Rafael Nadal.

FOTOGRAFÍA - AFP

23 noviembre 2010

EL CID CAMPEADOR


NADAL SUFRIÓ PARA GANAR A RODDICK
De menos a más: guión preferente de Rafael Nadal (1 ATP), tenista. Debut en el Masters sobre la superficie británica con victoria sobre el estadounidense Andy Roddick (8 ATP) por 3-6, 7-6 y 6-3 en un partido que los expertos catalogan como el más brillante del torneo de maestros hasta ahora. Lo cierto es que el número uno del mundo balbucea cuando un tren le llega de pronto. Un tren en forma de jugador, Roddick, que, a diferencia de otras ocasiones, mostró un ritmo preciso para no rendirse ni cuando el partido le doblaba el pulso. El pulso fue precisamente lo que le fallaría a Rafael Nadal durante buena parte del encuentro en aras de una búsqueda acertada de las rendijas por donde asomarse a las deficiencias de su rival. Fue entonces cuando el norteamericano mostró un juego no sólamente basado en el servicio (15 aces), sino y también en un escaparate de recursos que tendieron a Rafa Nadal hasta los límites de su entrega. Sabido es que esta virtud del mallorquín ha sido un arma en muchas ocasiones definitiva. Sin embargo, ayer, en el O2 de Londres, Roddick 'ayudó' a Nadal para que éste no terminara su partido mucho antes de que lo hiciera finalmente. El encuentro tuvo dos fases bien diferenciadas.

En la primera de ellas, quien asemejaba ser el mejor tenista del mundo no fue otro que Rodddick. Para entonces, Nadal se presentaba como un buen jugador aunque incapaz de persuadir o convencer a su rival de su verdadera catagoría. En la segunta parte, Nadal fue superior y se limitó a descifrar el partido frente al carismático empuje de su rival. Para entonces, Roddick se mostraba como un profesional orgulloso e incapaz de entregar un partido que había sido suyo. Nadal sujetaba su raqueta con fuerza y profundizaba su juego sabedor de que en cada minuto había un porcentaje a su favor para ganar su partido. No fue el mejor Nadal y fue, sin embargo, un excelente Roddick. Rafa ganó justamente y el actual número ocho ATP también lo habría hecho con idéntica justicia. Nadie nos devolverá las oportunidades perdidas y Rafa Nadal, enérgico y soberbio, recordará a buen seguro que jugando como ayer, no ganará como casi siempre. Y es que sobre la pista londinense quien recordó a un verdadero number one, a un verdadero cid campeador, fue Andy Roddick.

FOTOGRAFÍA : Agencia Reuters

12 noviembre 2010

TIC TAC LONDRES



A Rafa Nadal le aguardan varios paréntesis en el Masters de Londres (22-28 noviembre). Ha manifestado que este título es el "torneo más difícil del año" y cierto es que hace referencia a la superficie del O2 londinense, pero también a la categoría de sus rivales, al prestigio que supone imponerse en la máxima expresión del lujo tenístico. No tiene la trascendencia de un Grand Slam, pero sí consagra entre los propios tenistas a un jefe. A pesar de lo que declare Rafa, nunca cambiaría tres Torneos de Maestro por un solo Gran Slam ni tal vez, por una Copa Davis. Llama la atención de la ausencia del último ganador, el brillante Nikolay Davydenko.

Salvo sorpresa de última hora, Federer, Djokovic, Murray, Söderling, Berdych, Ferrer y Roddick serán rivales entre sí y los componentes de los dos exclusivos pókers que le disputen a Nadal un nombre más en la historia del tenis. Federer apretará sus dientes en busca del tiempo perdido. Djokovic alegrará su gris temporada. Murray jugará sólo para ganar la final y será un favorito nítido. Söderling no habrá olvidado el magnífico papel de la edición anterior. Berdych no ganará pero será el rival más incómodo para quien lo haga. Ferrer habrá ganado cuando salte a la pista y su participación es, de antemano, una garantía. Sobre Roddick lamento desconocerle cuando abandona América. Rafa Nadal buscará su primer Máster sin estar aún convencido de haber sido el mejor año de su vida, no solo por haber ganado el único Grand Slam que le faltaba, el US OPEN. Ojalá que la imagen repita este deseo sin impaciencia.



ESTIMADO RAFA

Nunca crecen las dudas en torno a ti y siempre viertes las palabras adecuadas para convertir en justa la realidad que tantas veces deseamos. Cuida y ten cuidado con tu hombro. No busques en Londres lo que podrías perder en un futuro. El tic tac del big ben espera sobre su lenta impaciencia.

13 septiembre 2010

COMO LA VIDA MISMA

Una vez más, Rafa Nadal supo antes que nadie el valor de la realidad cuando la vida es un juego y este juego es el tenis. La realidad era que Novak Djokovic venía de disputar una semifinal que jamás podrá olvidar y que su deporte guardará con celo. El serbio, quiza el jugador más feliz sobre una cancha cuando juega bien, había empleado todo su aliento para derrotar a Roger Federer dos días antes. La importancia de ganar la primera manga sería más decisiva que en otras ocasiones. De ganar el set inicial el mallorquín, Djokovic hubiera tenido ante sí la casi imposible tarea de conseguir tres sets ante la mejor mente dispuesta en el mejor tenista del mundo. También, Djokovic sabía que debía arriesgar más si cabe para ganar ese primer set para ver con más esperanzas la orilla que significara su segundo Grand Slam, este US Open 2010. En estas circunstancias, Rafa con conocimiento de causas y efectos y Djokovic acuciado desde el inicio de la final, el número uno suele demostrar quién es quien. Cuando el número tres del mundo terminó el quinto juego del partido, partió su raqueta. Pronta desesperación, aunque producto de una ansiedad y de unas expectativas sombreadas por un Rafael Nadal real como la vida misma. El mejor exponente de la realidad, sea del color que sea.

Sin embargo, existen contratiempos imposibles en su cálculo como es la naturaleza. En el segundo set, con 4-4 y 30-30 al servicio de Djokovic, la lluvia interrumpió el partido y la reacción de Rafa que empezó perdiendo dicha manga por 4-1. A la vuelta, el partido era otro, había que empezar de nuevo y el eslavo, inteligente, aprovechó su magnífica genialidad para adjudicarse el set e igualar la final. Desde aquí, los dientes apretados de dos rivales en aras de un objetivo que corona al tenista mallorquín por si no lo estaba ya.


Rafa Nadal ha conseguido con 24 años tener entre sus manos 5 Roland Garros, 2 Wimbledon, 1 Open de Australia, 1 Open USA, ser campeón olímpico, 3 Copas Davis y ser el tenista con mayor número de Masters 1000 de la historia. Atrás quedan pasadas discusiones en torno a la figura de Roger Federer. Nadal, otras veces objetado por su servicio, asume críticas presentando unos porcentajes de servicio mantenido en torno al 97% en superficies como la americana. Atrás quedan también las opiniones en torno a la arcilla parisina o el green londinés. Nadal y Djokovic han escrito despacio una final que recordará al primero por conseguir antes que nadie su merecido y al segundo por una semifinal realmente excepcional. Y ambos por ser muestras efectivas de ser los jugadores que, probablemente, más emociones despierten en una cancha de tenis. Nada tienen que ver emocionalmente con la elegante rigidez de Roger Federer, ni con la triste imagen de Pete Sampras, ni con la esbelta soberanía de Ivan Lendl, ni con la efectiva seriedad de Björn Borg o Wilander. Pero sí, en cambio, con la maestra locura de John McEnroe o Andre Agassi. El tenis gana cuando gana gente como Rafa Nadal [1], como lo hizo un 14 de septiembre de 2010 ante Novak Djokovic [3] por 6-4, 5-7, 6-4 y 6-2, proporcionándome en lo personal un regalo de cumpleaños especial. Gracias y enhorabuena, figura.



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Imágenes : US OPEN OFFICIAL WEBSITE

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