05 julio 2010

LA HUELLA DE WIMBLEDON

En la actual sociedad de la información, los habitantes del planeta captan miles de imágenes y envían millones de mensajes; he aquí uno de ellos.

Voltereta, pirueta, lanzamiento en plancha sobre la hierba y lo que haga falta. A Rafa Nadal le salió del corazón brincar y lanzarse en el césped del All England Club. Se pudo haber marcado un tango o una jota, y nadie habría dicho ni mú. Pleitesía a 'The King', al rey actual de la cuna del tenis. No tiene los siete títulos de Pete Sampras o los seis de Roger Federer, pero puede gritar bien alto que ahora aquí mando yo. 6-3, 7-5 y 6-4 en 2h.13'. Rafa Nadal ejecutó a Tomas Berdych, el sorprendente verdugo de Roger Federer y Novak Djokovic. El checo pudo con los números dos y tres, pero estuvo muy lejos de inquietar al uno, en otro nivel de juego respecto al resto de los mortales. El manacorí ha recobrado la confianza en sí mismo y su mejor tenis. La rodilla derecha dejó de molestar una vez superados los sustos con Haase y Petzschner. Cuando reina, como ya hiciera en 2008, es incontestable en sus territorios favoritos: la tierra batida, porque se ajusta como un guante a sus condiciones deportivas, y la hierba, la superficie de sus sueños.

Precisó dos finales de rodaje, perdidas ante Roger Federer en 2006 y 2007, pero se tomó la revancha en la de 2008 y ayer rubricó su obra conquistando su segunda corona en la 'Catedral'. La estadística en la competición de sus amores revela la grandeza de Nadal en Wimbledon: dos coronas en cuatro finales consecutivas, 14 partidos sin conocer la derrota, 26 victorias en los últimos 28 encuentros. "Renunciar al torneo en 2009 fue uno de los momentos más duros de mi carrera, sin duda", recordaba el manacorí. Doce meses después recuperó y prolongó su romance con Wimbledon. Otro doblete París-Londres, un nuevo salto mortal en la lista de las leyendas de la raqueta. Octavo 'major' en el bolsillo, poniéndose a la altura de cracks de eco reciente como Andre Agassi, Jimmy Connors e Ivan Lendl. A sus 24 años, 1 mes y 1 día, ningún obstáculo parece lo suficientemente grande para detener a Rafa Nadal, si el físico le acompaña y mantiene el afán de mejorar cada día.

No cree en secretos ni en fórmulas mágicas. Sólo en la mezcla de ilusión y trabajo. "Si realmente quieres jugar bien (en Wimbledon y sobre hierba), acabas encontrando el camino". El sueño de hacer un papel importante en el All England Club le empujó hacia el éxito en el Grand Slam de mayor tradición y prestigio en el mundo del tenis. Ya tiene entre ceja y ceja un nuevo e interesante objetivo, convertirse en el séptimo hombre capaz de tener los cuatro Grand Slam en su historial. Falta el Open USA, que atacará a finales de agosto y principios de septiembre. En Wimbledon "me muevo bien y aquí los desplazamientos son muy importantes. Además he mejorado el saque, también soy más agresivo. Voy mejorando poco a poco", remarca Nadal. Y ese paso valiente y adelante que ha dado en las pistas rápidas, el luchar por llevar la iniciativa, le ayudará asimismo en Flushing Meadows. Campeón sin oposición Son las dos de la tarde en Londres. La guardia pretoriana de Rafa se distribuye por el palco de invitados. En primera fila, el soporte técnico: Toni Nadal (tío y entrenador), Carlos Costa (mánager), Rafa Maymó (fisioterapeuta), Benito Pérez-Barbadillo (prensa), Jordi Robert 'Tuts' (Nike) y el médico Ángel Ruiz-Cotorro. Inmediatamente detrás, el calor familiar de su madre, Ana María; su novia, Xisca Perelló; su hermana, María Isabel; su padre, Sebastià; y uno de sus tíos, Miguel Ángel. Otro, Rafael, se sitúa en la grada que toca el palco. En Wimbledon cuesta hallar invitaciones, incluso comprar las entradas, pero los Nadal intuyen fiesta grande y el desembarco es importante. Rafa está pletórico de tenis y moral. Y en las citas importantes no falla, muy al contrario, se crece. Sale a la central con el arsenal a punto, marcando terreno. En su primer saque, 'ace'.

Se mueve por la hierba como si de su casa se tratase. A Berdych le viene grande la magnitud del oponente y acusa la inexperiencia del novato en finales de Grand Slam. Se resquebraja a la conclusión del set inicial, cede dos veces su saque. Camino abierto a la gloria para Rafa Nadal, que sólo sufre en el juego inaugural de la segunda manga. No le entra el saque, el viento no ayuda. Comete dos dobles faltas, pero acaba salvando las tres pelotas de 'break' en contra. Tiene oficio y determinación. Comete más errores no forzados (21 por 17) que Berdych, pero asimismo le supera en golpes ganadores (29 y 27). El balear manda, arriesga si es necesario. Prefiere fallar por querer besar las líneas y presionar al adversario que amarrar y dar aire al centroeuropeo. Rafa Nadal es un campeón que deja huella. Berdych pasaba por ahí, invitado a otro episodio histórico de un deportista de condiciones y convicciones únicas.

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