13 septiembre 2010

COMO LA VIDA MISMA

Una vez más, Rafa Nadal supo antes que nadie el valor de la realidad cuando la vida es un juego y este juego es el tenis. La realidad era que Novak Djokovic venía de disputar una semifinal que jamás podrá olvidar y que su deporte guardará con celo. El serbio, quiza el jugador más feliz sobre una cancha cuando juega bien, había empleado todo su aliento para derrotar a Roger Federer dos días antes. La importancia de ganar la primera manga sería más decisiva que en otras ocasiones. De ganar el set inicial el mallorquín, Djokovic hubiera tenido ante sí la casi imposible tarea de conseguir tres sets ante la mejor mente dispuesta en el mejor tenista del mundo. También, Djokovic sabía que debía arriesgar más si cabe para ganar ese primer set para ver con más esperanzas la orilla que significara su segundo Grand Slam, este US Open 2010. En estas circunstancias, Rafa con conocimiento de causas y efectos y Djokovic acuciado desde el inicio de la final, el número uno suele demostrar quién es quien. Cuando el número tres del mundo terminó el quinto juego del partido, partió su raqueta. Pronta desesperación, aunque producto de una ansiedad y de unas expectativas sombreadas por un Rafael Nadal real como la vida misma. El mejor exponente de la realidad, sea del color que sea.

Sin embargo, existen contratiempos imposibles en su cálculo como es la naturaleza. En el segundo set, con 4-4 y 30-30 al servicio de Djokovic, la lluvia interrumpió el partido y la reacción de Rafa que empezó perdiendo dicha manga por 4-1. A la vuelta, el partido era otro, había que empezar de nuevo y el eslavo, inteligente, aprovechó su magnífica genialidad para adjudicarse el set e igualar la final. Desde aquí, los dientes apretados de dos rivales en aras de un objetivo que corona al tenista mallorquín por si no lo estaba ya.


Rafa Nadal ha conseguido con 24 años tener entre sus manos 5 Roland Garros, 2 Wimbledon, 1 Open de Australia, 1 Open USA, ser campeón olímpico, 3 Copas Davis y ser el tenista con mayor número de Masters 1000 de la historia. Atrás quedan pasadas discusiones en torno a la figura de Roger Federer. Nadal, otras veces objetado por su servicio, asume críticas presentando unos porcentajes de servicio mantenido en torno al 97% en superficies como la americana. Atrás quedan también las opiniones en torno a la arcilla parisina o el green londinés. Nadal y Djokovic han escrito despacio una final que recordará al primero por conseguir antes que nadie su merecido y al segundo por una semifinal realmente excepcional. Y ambos por ser muestras efectivas de ser los jugadores que, probablemente, más emociones despierten en una cancha de tenis. Nada tienen que ver emocionalmente con la elegante rigidez de Roger Federer, ni con la triste imagen de Pete Sampras, ni con la esbelta soberanía de Ivan Lendl, ni con la efectiva seriedad de Björn Borg o Wilander. Pero sí, en cambio, con la maestra locura de John McEnroe o Andre Agassi. El tenis gana cuando gana gente como Rafa Nadal [1], como lo hizo un 14 de septiembre de 2010 ante Novak Djokovic [3] por 6-4, 5-7, 6-4 y 6-2, proporcionándome en lo personal un regalo de cumpleaños especial. Gracias y enhorabuena, figura.



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Imágenes : US OPEN OFFICIAL WEBSITE

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