19 enero 2011

CARTAS DE RAFAEL NADAL


AUSTRALIA 2009
Australia, conmovida aún por la lluvia de los últimos días, levanta el primer Grand Slam de la temporada mientras se cubre con un atuendo azul para simular tranquilidad nacional y lujo por ser escenario de un torneo, el Abierto de Australia, que muchos tenistas top ten consideran casi inalcanzable. No en vano supone el inicio de la temporada oficial, su situación geográfica sitúa a jugadores en una latitud inusual además de un clima, que por caprichoso, tiende a sorprender más que a confirmar. También la superficie del Rod Laver Arena de Melbourne, especial para ídolos como Roger Federer o Lleyton Hewitt hace años. Pero también para Rafael Nadal, actual número uno del mundo, que logró levantarlo dos ediciones atrás (2009) en presencia de las inadecuadas e impropias lágrimas de su rival, de su rival por excelencia Federer. 

Lo que ocurre es que Nadal envía misivas a la historia del tenis en cada ocasión que le brindan. Australia completaría el póker después de ganar en París, Wimbledon y Estados Unidos sucesivamente. Y son cartas que el tenista mallorquín acostumbra a escribir con buena letra, con esmero y hasta con una miqueta de ternura que convierte a sus rivales en amables enemigos. España suele abanderar sus logros y a saciar con patriotero sentimiento sus derrotas. Sus compañeros callan o licencian a un campeón de veinticuatro años que nunca presumiría de ser una leyenda, aunque ya lo sea de hecho y con pleno derecho. Es por eso por lo que sus palabras, desde que regresara de su lesión, son blancas pues esconden sorpresa y regalo para quienes buscan en su juego un ánimo adicional, para quienes quisieran haber algún día protagonizado una sola de sus gestas. Representa esa clase de deportista que aúna estética y emoción, empatía y poder, humildad y orgullo.

Nadie se atrevería a firmar el resultado final de su actuación en Australia 2011, pero muchos apostarían por él después de cualquier desenlace. Legiones de aficionados anónimos del mundo velan armas en torno a una pelota de tenis en manos, en brazos de Rafa Nadal. En definitiva, fans del tenis y de su estrategia personal de convencimiento social que llaman a mi puerta para decirme muchos días qué pasa con él, cuándo vuelve a levantar sus brazos y cuándo, en definitiva, vuelven a verle disfrutar para disfrutar todos juntos. Un lujo al alcance de todos ellos, de gente como Javier Mora, Eva Villar, Judith Carrera, Javi Franco, Cristina de la Rosa, Ana Monjas, Miguel Cortés, Sheyla García, Ricardo Andrés, Charlie Carballo o Santi Hervás. Seguro que no conocieron a ninguno de ellos, pero probablemente todos compartan algo con usted, con Rafael Nadal y conmigo.


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