18 mayo 2011

LO HUMANO DE NADAL

Novak Djokovic [2 ATP] derrotó a Rafael Nadal [1 ATP] en la final del Master 1000 de Roma por un doble 6-4. Cuatro de cuatro finales. Número uno contra número dos. Dos sobre pista rápida y dos sobre arcilla. Gestos definitivos y gestos definitorios. Un grito de victoria y un silencio diferente a una simple derrota. Rafael Nadal, actual número uno del mundo, dejará en breve de ocupar su cetro para cedérselo a Novak Djokovic, insigne cazador de torneos en una temporada que, seguramente, ocupe las páginas de su vida y las del deporte de su país. Se habían encontrado en Indian Wells, luego en Miami, hace una semana en Madrid y recientemente en Roma. El número uno puede que haya perdido alguna de estas cuatro finales pero de lo que no existe duda es de que el aspirante Djokovic ha vencido en las cuatro. ¿Qué ha podido ocurrir? Nada grave, se me antoja.

La explosiva evolución de Novak Djokovic, un año más joven que Nadal y cinco menos que Federer, es la respuesta a temporadas contemplando partidos estelares entre sus dos rivales. Algunos sectores del público no le encontraban lugar entre ambos. Sin embargo ni el español ni el suizo dudaron de él. Novak ha llegado y la merienda es ganarlo todo, Nadal incluido. Para ello ha configurado un entramado mental invisible que le convierte en un muro eficiente para cada rival que, pronto, comprueba quién tiene las mejores cartas para ganar. Su preparación física es fantástica y sólo queda del antiguo Djokovic sus escenificaciones en momentos equis de sus encuentros alternando sonrisas y artimañas para querer decir que no sabía cómo ganar siendo una mole.

Tácticamente ha optado por permanecer, aun en los peores momentos de un match, lo más cercano al fondo de la pista, ha robustecido su revés (más efectivo incluso que el de Federer en sus tiempos de oro) y ha hecho temblar a sus rivales cuando le permiten amablemente conectar dos drives sobre el fondo de su rival. Domina el paralelo, golpe reservado a los campeones. En el aspecto psicológico, matrícula de honor. Ocupa la pista todos los segundos del partido, no se despista ni cuando simula cansancio o trata de excitar a su grada, ni ofrece ni brinda a sus contrincantes el sabor de sus despechos. Y es que el serbio parece estar consiguiendo esta racha dorada a consecuencia de aquel despecho que le había producido la sombra continua de Nadal y Federer en la programación continua de su deporte.

Rafael Nadal ha labrado su trayectoria desde el convencimiento de la humildad y con el convencimiento de que su juego al máximo nivel constituía un crédito con el que sentirse feliz un chico como él. Rafa, tantas veces apegado a los rincones de su tierra mallorquina, asentado sobre una familia en donde prima el verbo ganar y el saber ganar a tiempo completo y en la misma medida, se enfrenta en estos días a la difícil situación, que no lo es tal, de medir la supuesta distancia que le separa de un rival. Después del Master romano (por si había duda después de Madrid) Djokovic se ha convertido para el mallorquín lo que para Federer supone Nadal. Esta sensación de inferioridad irresistible e incomparable en el deporte es la que al jugador teóricamente superior le convierte en más superior si cabe en los instantes decisivos. Ya le ocurrió a Andy Murray durante la semifinal de Roma, en donde mereció y no supo finalmente ganar. Lo hizo Djokovic por la inercia de sentirse ya número uno. La próxima vez que se enfrenten, Djokovic es probable que le derrote con más facilidad. En realidad, Rafa Nadal ya sabe lo que ocurre.

El mallorquín piensa en su dolor, aquel que le acompaña en la soledad de una habitación, en una desesperanza. Duda entre la inmediatez o la lejanía para de nuevo plantarse frente al serbio soberbio. Opino que cuanto más tarde sea mejor; no como signo de huída, sino de preparación ya que Rafa necesita ganar con claridad para sentirse nuevo. Es una situación semejante a perder quince manos seguidas de póquer; sólo querría continuar jugando quien estuviera ganando, en este caso, Djokovic. La consecuencia del juego de Rafael Nadal en el Foro Itálico es habernos encontrado con un tenista más temeroso que nunca ante la posibilidad de perder nuevamente. No vaticino ningún giro en la carrera deportiva de ninguno de los dos pues el contratiempo mayor siempre viene dado por lo que un deportista es capaz de sentir a solas.




Estimado Rafa

La mejor versión de tu juego es superior a la que actualmente exhibe el serbio. Es por ello, por tanto, que debes superar este delicado momento, tal vez el más complicado de tu carrera deportivo a excepción de la lesión de 2009, cuando te des cuenta de que un campeón está obligado también a enfrentarse a estas situaciones. Cuando lo consigas desde la normalidad será cuando importe en menor medida una posible derrota. El orgullo de ganar es la consecuencia de jugar satisfecho (algo que ahora contra Djokovic falla). Compruebas que tu tranquilidad no es infalible y que no está, a buen seguro, en la defensa que el balcánico tenga que realizar la temporada próxima de todos los puntos que está obteniendo en ésta. Eres el mismo que eras antes: el mejor, el más deportivo, un ejemplo y el mejor ejemplo.

ANIMO, ÁNIMO, ÁNIMO, AMIGO.


2 comentarios:

  1. Ciertamente, Djokovic está en su mejor momento. Al igual que Nadal tuvo su año, el año en el que todo le salía y nada le fallaba. Ciertamente, Nadal no ha cambiado, sólo la situación, y en la manera en la que consiga gustarse a sí mismo, Nadal recuperará quizás no el número uno (al menos no inmediatamente), sino el Nadal capaz de hacerle frente al serbio y dar a los aficionados a este deporte muestras del juego que es capaz de desplegar, haciendo parecer posible lo imposible. Es el número uno. Lo ha demostrado; puede volver a demostrarlo.

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  2. No le resultará nada fácil a Rafa conseguir de nuevo el número uno. Lo es porque lo ha demostrado pero ahora quien lo demuestra es Djokovic. También está Federer que a pesar de que muchas opiniones hablan de su final, opino que aún ganará algún Grand Slam más. Rafa debe sentarse para pensar sólo en él, en su juego y marginarse de la evolución, hipotética o real, que pueda tener el serbio o cualquier otro jugador. El circuito profesional de tenis no sólo cuenta con estos dos, o tres, jugadores. Cada día está más abierto y las diferencias son menores que cuando Nadal y Federer eran únicos dioses. Ojalá Rafita vuelva a sentirse bien, a sentirse diferente a cómo se siente actualmente en Roland Garros, y vuelva a creer que ganar es siempre posible, sea quien sea el rival.

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