06 junio 2011

GRACIAS A LA VIDA



Por lo general, cuando un tenista profesional salta a una cancha de tenis es consciente de sus posibilidades de ganar y en el caso de duda, reconoce también que aquellas se reducen. El suizo Roger Federer sabía que un día como hoy podría ser más fácil que cualquier otro imponerse al español Rafael Nadal sobre la arcilla de Roland Garros. Haber vencido al actual número uno de la lista ATP habría supuesto para el helvético una rúbrica dorada para su palmarés personal ya que nadie en el circuito ATP duda quién es el mejor jugador sobre tierra batida del mundo. De Federer podrán escribirse adjetivos pero nunca uno que sea capaz de calificar su sensación de jugar contra Nadal, de perder y de ganar frente a él. En la final del torneo parisino, Nadal se impuso a Federer en cuatro sets por 7-5, 7-6, 5-7 y 6-1.

En el curriculo del finalista penderá, más que una derrota, la ilusión de un primer set en el que tuvo anulado de forma absoluta a su rival. Incomprensiblemente para Federer, el mallorquín remontó un marcador con un juego que, a diferencia de lo expuesto por los comentaristas de TVE, hubiera sido casi insoportable para cualquier jugador. Nadal, siempre con sus dientes apretados, resurgió del hueco en el que Federer le había postrado al inicio del encuentro para configurar de nuevo un manual de comportamiento, un recital de competitividad desde un lado oscuro de su nivel de juego, un vídeo real de una victoria que le encumbra aún más si cabe a la leyenda de su deporte

Las apuestas no eran favorables al tenista balear. Sus cuatro derrotas frente al próximo número uno (Djokovic), sus titubeos iniciales en París, sus declaraciones, su preocupación reconocible... convertían a Roland Garros 2011 en una meta absoluta más que en un nuevo Grand Slam para Rafael Nadal. Levantó los brazos al final de la cuarta manga pero ganó el encuentro en un primer set que desató la agonía de su rival. Dicho lo cual y a pesar de todo ello, Federer selló con su elegante magia una nueva final en la que fue capaz de contener sus emociones más veces que en él es costumbre. Los amantes del tenis puede que hayamos percibido esta tarde un partido en donde, tal vez, perdió quien practicó mejor juego.

Nadal hipnotiza a sus rivales y a Federer le llega a enloquecer. La compasión no habita entre ellos aunque exteriormente pueda parecerlo. Rafael Nadal debe sentirse orgulloso, exhultante y rabioso por haber sido capaz de subir por entero, paso a paso, la escalera que le conducía a un espacio en donde sólo cabe dar "gracias a la vida" por sentirse "muy afortunado". El deporte, más que un sentimiento, es una trasmisión de sensaciones. El poder de la competición y la belleza con que le dotan sus deportistas son márgenes en donde Rafael Nadal ha elaborado su nuevo triunfo, otro Grand Slam, otro enfrentamiento contra Federer, pero sobre todo otra forma de conquistar lo conquistable, otra fórmula de concretar los sueños y sacar tan educadamente la lengua como su compañera Victoria Azarenka a todos aquellos que vaticinaban en la ascensión del serbio Novak Djokovic, el principio de su fin.



ENHORABUENA, RAFA

Celebramos con idéntico entusiasmo cada primer domingo de junio y cada 3 de junio. Ojalá Roland Garros 2011 sea capaz de hacerte comprender y despejar, si cabe, las dudas silenciosas que venían habitándote desde Indian Wells. La realidad de verte en acción es superior al sueño de una tarde de verano. Y de primavera, también.

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