05 diciembre 2011

ESPAÑA, QUINTA COPA DAVIS


VERDASCO - F. LÓPEZ - FERRER
NADAL - GRANOLLERS - COSTA





España gana su quinta Copa Davis y Rafael Nadal vuelve a sonreír, a vibrar, a gestionar una leyenda, a descubrir los sueños, a desprenderse de todos los paréntesis que le encerraban, a escribir los puntos sobre las íes. Sevilla tiene un color especial cuando sus colores son rojo y amarillo. La ciudad de la Giralda acogió en una nueva final a cientos de desconocidos venidos a recordar la gloria que supondrá haber sido testigos.

David Ferrer, un maestro indeseable para el poder, conjuró nuevamente su orgullo para convertirse en un ídolo más y un ídolo menor por coincidir con Rafael Nadal. Feliciano López y Fernando Verdasco fueron felices por ganar tal trofeo e infelices por jugarlo hoy; los riesgos del destino. Rafael Nadal, actualmente número dos de mundo, brindó con un país con el que mantiene una relación estrecha y recíproca. A diferencia de los púgiles, cuando el balear termina por los suelos es el sinónimo de que el espectador debe practicar pura contención o libre expresión. Rafa levantó sus brazos y no pareció pensar en nada más que levantarlos muy alto para engañar a una temporada tan magnífica como maldita en su recuerdo, a pesar de esta Davis. La grada, de patriotero sentimiento, olvida que los errores no son aplausos y estos nunca son aquellos. Así que no logro entender la estridencia de los gestos de los miembros del equipo español intentando espolear a un público ya de por sí entregado más al marcador que a la pelota. Dijo Nadal, que no había visto nunca un público como éste; yo, tampoco. A mí, no me gustó. Sólo me motivo que ganara él, que lo hiciera Ferrer y que la esperanza de verle de nuevo sonreír en un Grand Slam lo sea ante el actual mazinger de la ATP. El argentino Del Potro, sin embargo, mantuvo en todo momento en los filos de la amenaza la realidad de habernos podido asestar una puñalada con forma de empate a dos sets. Fue un campeón aún inédito que hoy lo fue sin ganar y llorando finalmente. Estos argentinos fueron gentiles y educados, más que en su país y entonces, en una línea muy semejante a la mostrada hoy por el público español. Así que ¿por qué no se juega cada final en un país previamente designado y sobre una misma superficie? Sería más justo y todos podrian prepararse para una cita concreta. Aunque en este punto, sería lo que dijera nuestro número uno.


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