15 junio 2012

UNA VERSIÓN DEL PLACER

Fiel y responsable, Rafael Nadal regresó a París con un revolver recién cargado. No puedo creerme que una ciudad como París pueda resistirse a admirarle porque los triunfos del balear en Roland Garros le conceden más luz si cabe a uno de las urbes más bellas del mundo. Nadal acostumbró a dormir su cuerpo en París cada mes de junio y nos acostumbró a preferir sus gestas por encima de otros títulos nundiales. Compite a modo de aviso; si pierdo, muero; es el mensaje que parece trasmitir a la pelota mientras los espectadores nos lo creemos sin podernos separar de una pantalla de televisión. Su emoción es una epidemía contagiosa que todos quisiéramos al menos protagonizar una vez en nuestra vida. Su competitivad es un ferrari en tiempos de préstamos, de recortes y de líneas falsas. Sabe llorar, levantar los brazos y definir los valores de la vida a través de una pelota enloquecida. Que Rafael Nadal haya alcanzado su  septimo Roland Garros es una forma de estallar que muchos humanos compartimos no tanto por su triunfo sino por la forma de representar una versión del placer igualmente contagiosa a pesar de que su presidente del Gobierno prefiera asistir a un partido de fútbol antes que a una gesta como la de este tenista que, por un instante, alivió más de una inquietud.


video

CELEBRACIÓN DE RAFAEL NADAL 
TRAS CONQUISTAR ROLAND GARROS 2012

MARCADORES